En esta ocasión hablaremos de algunos lugares arqueológicos de la Región de O´Higgins. Primero, les comentaremos sobre una  laguna que se ubicaba a 8 km al sur de la comuna de San Vicente, y que fue escenario del asentamiento de la segunda ocupación humana detectada en Chile.  

Hace unos 11.380 años, según la datación de carbono 14,  un pequeño grupo de hombres estaba sentado alrededor de una fogata a orillas de la laguna de Tagua Tagua. La jornada había sido propicia, pues habían logrado cercar y matar en la ribera fangosa del lago a un mastodonte,  lo habían descuerado con sus cuchillos de piedra y ahora lo asaban, ensartando en palos grandes trozos de carne. El fuego les daba calor en estos días fríos de las postrimerías del último período glaciar y un mastodonte no era presa que se cazaba todos los días

Las evidencias que ahí quedaron hablan de una playa de la antigua laguna, donde los cazadores acecharon y mataron mastodontes, caballos americanos y ciervos que se encontraban ahí bebiendo agua, entrampándolos en el borde pantanoso. Para este propósito los cazadores utilizaron grandes bloques de piedra que arrojaron a los animales y lanzas armadas con filosas puntas de cuarzo cristalino finamente tallada. Una vez muertos los animales, fueron faenados en el mismo lugar, extrayéndoseles la carne, la grasa y algunos huesos, para lo cual se utilizaron cuchillos y raederas talladas en piedra, así como piedras con filos naturales cortantes. Finalmente, los cazadores se llevaron las presas menos voluminosas a otro sitio, el cual por ahora se desconoce, pero que debió ser el campamento donde habitaba el resto de la familia.

En 1968, científicos del Museo Nacional de Historia Natural, realizan las primeras investigaciones. Del resultado se obtuvieron herramientas de piedra, una cornamenta de cérvido, con pequeñas porciones de maxilar y mandíbula, y otros fragmentos craneanos, cuyos restos conservados de este la dentadura son suficientemente claros para demostrar su asignación a Hippocamelus bisulcus., es decir el huemul actual de Chile cordillerano. y restos de Caballos Americanos para la zona de la laguna. También están las evidencias de artefactos de hueso (retocadores, compresores), elaborados en huesos de caballo del Período Arcaico de Chile

Tambièn en este sector, se ubica el pucará del cerro La Muralla,el que es una fortaleza, probablemente inca, ubicada en la estratégica cima del cerro La Muralla, a 5 km al sur de San Vicente de Tagua Tagua, que tenía a su lado sur la laguna de Santa Inés (Laguna de Tagua Tagua). Es el pucará más austral de Tawantinsuyo. (del quechua tawantin suyu, «las cuatro regiones o divisiones»)

Los incas, al avanzar más allá del río Choapa y llegar a territorio picunche, construyeron en la zona varios tambos (depósitos de alimentos para la población en caso de emergencia) y al menos un pucará situado en la cima del cerro La Muralla.2 Ubicado en la estratégica cima del cerro La Muralla, tenía a su lado sur la laguna de Santa Inés (La laguna de Tagua Tagua). Se presume que esta fortaleza fue usada como punto de observación o cuartel de defensa, ya que desde allí, se domina tanto el valle norte, como la cuenca sur que daba a La laguna de Tagua Tagua.

En la cima del Cerro las murallas en su trazado dibujan un águila en vuelo. Tiene tres murallas defensivas y dos sectores con viviendas.4 Se ha encontrado abundante cerámica y piedras tacitas. A 100 m de su primera muralla se encuentra una explanada que, al parecer, sirvió como campo de cultivos. Las evidencias hacen suponer que esta construcción fue efectuada por los incas, debido al trabajo de la piedra en bloques, la dimensión de los recintos y las estructuras en forma de terraza de algunos sectores.

 

Forma parte integral con la Laguna de Tagua Tagua ya que no tiene muralla sur, la que era cubierta por la laguna.

El naturalista e historiador francés Claudio Gay describió su ascenso al cerro La Muralla, que entonces se llamaba cerro del Inca, y la fortaleza.

En 1974 un grupo de científicos del Museo Nacional de Historia Natural de Chile, llevó a asegurar que ese pucará fue construido antes de la llegada de los españoles a este lugar.

Otro lugar arqueológico se encuentra en la  Reserva Nacional Río de Los Cipreses, la que se ubica en la cordillera de la región de O´Higgins, a unos 50 al este de la ciudad de Rancagua, en esta  reserva es posible observar petroglifos realizados por los antiguos indígenas en los siguientes sitios: Carrizal (Cachapoal), Piedra de Indio, Cotón, Agua de la Vida, Rincón de los Guanacos, Estero El Baúl, estero Piuquenes y Cajón de los Arrieros.  

Entre los años 6.000 y 3.500 (a. C), pequeños grupos de cazadores ascendieron desde el Pacífico hasta las laderas orientales de la Cordillera de los Andes, aprovechando un período de clima más cálido para cazar guanacos y huemules (estos últimos extintos en la región). Posteriormente, estos grupos se adaptaron a condiciones climáticas más benignas, estableciéndose en el lugar luego de ciertos cambios tecnológicos en sus instrumentos de caza. Estos hombres, presumiblemente fueron los autores del arte rupestre antes mencionado.

Dentro de la reserva se encuentra la casa patronal, el parque, bodegas y corrales de la ex-hacienda Chacayes, que data de fines del siglo XIX. Bajo la casa descansan los restos de una antigua fundición que fue construida en el siglo XVII por los Jesuitas.

El pucará del cerro La Muralla es una fortaleza, probablemente inca, ubicada en la estratégica cima del cerro La Muralla, a 5 km al sur de San Vicente de Tagua Tagua, que tenía a su lado sur la laguna de Santa Inés (Laguna de Tagua Tagua). Es el pucará más austral de Tawantinsuyo. (del quechua tawantin suyu, «las cuatro regiones o divisiones»)

Los incas, al avanzar más allá del río Choapa y llegar a territorio picunche, construyeron en la zona varios tambos (depósitos de alimentos para la población en caso de emergencia) y al menos un pucará situado en la cima del cerro La Muralla.2 Ubicado en la estratégica cima del cerro La Muralla, tenía a su lado sur la laguna de Santa Inés (La laguna de Tagua Tagua). Se presume que esta fortaleza fue usada como punto de observación o cuartel de defensa, ya que desde allí, se domina tanto el valle norte, como la cuenca sur que daba a La laguna de Tagua Tagua.

En la cima del Cerro las murallas en su trazado dibujan un águila en vuelo. Tiene tres murallas defensivas y dos sectores con viviendas.4 Se ha encontrado abundante cerámica y piedras tacitas. A 100 m de su primera muralla se encuentra una explanada que, al parecer, sirvió como campo de cultivos. Las evidencias hacen suponer que esta construcción fue efectuada por los incas, debido al trabajo de la piedra en bloques, la dimensión de los recintos y las estructuras en forma de terraza de algunos sectores.

Forma parte integral con la Laguna de Tagua Tagua ya que no tiene muralla sur, la que era cubierta por la laguna.

El naturalista e historiador francés Claudio Gay describió su ascenso al cerro La Muralla, que entonces se llamaba cerro del Inca, y la fortaleza.

En 1974 un grupo de científicos del Museo Nacional de Historia Natural de Chile, llevó a asegurar que ese pucará fue construido antes de la llegada de los españoles a este lugar.

 

A lo largo de imperfectas y verdes laderas transita una tranquila manada de caballos. . Desde la altura, tres sigilosos cóndores vigilan la montaña.

Así es el paisaje que rodea uno de los sitios que en Chile evidencian la presencia de dinosaurios de  hace 150 millones de años, y que hoy es uno de los más atractivos de la Región de O’Higgins.

En 1960, el arqueólogo y astrónomo Diego Márquez recorría los cerros que rodean al sector de las Termas del Flaco, ubicadas a 77 km al oriente de la ciudad de  San Fernando, cuando realizó un gran hallazgo,  uno de los escasos registros fósiles del periodo jurásico que existen en el país.

Las huellas de los dinosaurios, que los lugareños llaman “Parque Jurásico”, están inmersas en una quebrada, a 1.800 metros sobre el nivel del mar. Producto del levantamiento de la Cordillera de los Andes, esta capa con huellas se elevó, quedando inclinada como una muralla.

En ella pueden distinguirse decenas de pisadas petrificadas de dinosaurios saurópodos, animales herbívoros de cuello y cola larga, de la especie terópodos o carnívoros, y de dinosaurios ornitisquios herbívoros.

Un grupo de científicos del Museo de Historia Natural de Santiago fue el primero en estudiarlas en la década de 1960, y en 1967 fueron declaradas Monumento Paleontológico Nacional.

Años después, entre 1983 y 2004, expertos paleontólogos norteamericanos llegaron hasta el lugar del hallazgo para complementar el estudio.

Las investigaciones científicas han podido comprobar que los dinosaurios dejaron sus huellas en lo que fue una antigua laguna costera, las cuales fueron cubiertas por ceniza volcánica y, por tanto, protegidas de la erosión.

Pese a que las huellas están protegidas por el Consejo de Monumentos Nacionales, estas han sufrido el deterioro causado a lo largo de los años y por el maltrato por parte de los turistas.

No dejemos de mencionar el otro famoso pucará es el que se ubica en el cerro Grande de La Compañía, comuna de Codegua,la que era una fortaleza  promaucae, posteriormente utilizada por los incas.

Su importancia radica en que una de las edificaciones más australes que se conservan del Imperio inca. Por lo tanto, es monumento histórico de nacional

Límites del Collasuyo, el suyu inca donde se ubicó el pucará.

Se pueden identificar tres momentos de ocupación histórica del pucará:

    Entre 1380 y 1450, de acuerdo a la datación arqueológica, se habría utilizado el cerro, con fines que parecen relacionarse con la resistencia de la población local, promaucaes o picunches, a la invasión inca.

    La mayor parte de las estructuras y restos corresponde a la ocupación inca del cerro, entre los años 1430 y 1450, aproximadamente.

    Nuevamente la población indígena local dio su último uso a la fortaleza, tratando de resistirse a la conquista española. Las noticias documentales de este suceso que aparecen en las antiguas crónicas que fueron las que guiaron a los arqueólogos y permitieron reubicar el pucará en años recientes.

Los vestigios del pucará consisten en las bases de 7 estructuras de planta circular, una construcción mayor y otras edificaciones anexas que pueden ser sitios de vigilancia. La cumbre plana del cerro está rodeada, además, de muros defensivos perimetrales.